El regreso del rey del balón
Mateo Bravo fue un prodigio que se negó a vender un partido y terminó con la pierna rota y la fama destruida. Cinco años después, Valeria Montes apostó su herencia a llevar a un equipo de inadaptados a la Copa Oriente y lo nombró entrenador. Con disciplina y kung fu, venció trampas y su propio pasado, derrotó al Club Fénix en la final y recuperó honor, amor y gloria.
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