Una jugadora Luna reencarnó como Lilith. Al despertar, los mayordomos demonio tenían alto Nivel de Corrupción. El Sistema de Redención Demoníaca le advirtió: redúcelos o morirás.
Esa carta sellada con cera roja y una pluma negra… ¿invitación o sentencia? La Duquesa la sostiene como si fuera un corazón recién arrancado. En Mi Duquesa, venga a domarnos, cada detalle es un susurro de traición. ¡Hasta los espectadores en las gradas parecen cómplices!
El dragón llora, pero no por él
Lyra con lágrimas, tras la caída de Lucian… pero su mirada no es de pena, es de reconocimiento. Ella sabía que esto vendría. En Mi Duquesa, venga a domarnos, el verdadero drama no está en la arena—está en quién observa desde las sombras, con alas rotas y corazón intacto. 🐉💔
El verde no miente: serpiente y espada
Valerius con su serpiente blanca y su espada luminosa… ¡qué contraste! No es malvado, es frío como la lógica. Cuando ataca, no grita—sonríe. En Mi Duquesa, venga a domarnos, el poder no necesita alaridos, solo símbolos bien colocados y un público que aplaude sin entender. 🐍⚔️
¿Quién reza? ¡No es ella!
El personaje con orejas puntiagudas rezando con luz azul… ¿sacerdote? ¿traidor disfrazado? Mientras todos gritan, él calla. En Mi Duquesa, venga a domarnos, el silencio es el arma más peligrosa—y nadie lo ve venir hasta que ya está hecho. ✨
El beso de la corona y el puñetazo
Cuando la Duquesa levantó la mano para golpear a Lucian, no fue violencia: fue un ritual. Ese gesto cargado de historia, orgullo y dolor… ¡y luego él se tocó la mejilla como si fuera un premio! Mi Duquesa, venga a domarnos, pero no con espadas—con ironía. 😏
La carta manchada de sangre y plumas
Esa carta sellada con cera roja y una pluma negra… ¿invitación o sentencia? La Duquesa la sostiene como si fuera un corazón recién arrancado. En Mi Duquesa, venga a domarnos, cada detalle es un susurro de traición. ¡Hasta los espectadores en las gradas parecen cómplices!
El dragón llora, pero no por él
Lyra con lágrimas, tras la caída de Lucian… pero su mirada no es de pena, es de reconocimiento. Ella sabía que esto vendría. En Mi Duquesa, venga a domarnos, el verdadero drama no está en la arena—está en quién observa desde las sombras, con alas rotas y corazón intacto. 🐉💔
El verde no miente: serpiente y espada
Valerius con su serpiente blanca y su espada luminosa… ¡qué contraste! No es malvado, es frío como la lógica. Cuando ataca, no grita—sonríe. En Mi Duquesa, venga a domarnos, el poder no necesita alaridos, solo símbolos bien colocados y un público que aplaude sin entender. 🐍⚔️
¿Quién reza? ¡No es ella!
El personaje con orejas puntiagudas rezando con luz azul… ¿sacerdote? ¿traidor disfrazado? Mientras todos gritan, él calla. En Mi Duquesa, venga a domarnos, el silencio es el arma más peligrosa—y nadie lo ve venir hasta que ya está hecho. ✨
El beso de la corona y el puñetazo
Cuando la Duquesa levantó la mano para golpear a Lucian, no fue violencia: fue un ritual. Ese gesto cargado de historia, orgullo y dolor… ¡y luego él se tocó la mejilla como si fuera un premio! Mi Duquesa, venga a domarnos, pero no con espadas—con ironía. 😏