No soy la fea, soy la superestrella
Por su madre, Valeria se hizo la fea. Tomó a Mateo como la luz en su vida gris, hasta que descubrió que Mateo la usaba como escudo para proteger a su verdadero amor. Al despertar, Valeria decidió dejar la máscara y abrirse paso en la actuación. Ganó el premio como mejor actriz. Arrepentido, Mateo quería recuperar a Valeria. Pero ella, firme en su camino, seguiría adelante sin mirar atrás.
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El reloj que marca el destino
Cuando el hombre del abrigo largo mira su reloj, el tiempo se detiene. No es una simple espera: es el instante antes de que la verdad salga a la luz. Cada segundo cuenta en esta historia donde nadie es quien parece. ⏳
El van blanco y el giro inesperado
El furgón blanco no es solo transporte: es el símbolo de un cambio brusco. Valeria, arrastrada pero no rota, levanta la mirada con fuego. En ese momento, comprendemos: No soy la fea, soy la superestrella no por suerte, sino por voluntad. 💥
La llamada que lo cambió todo
El teléfono suena. El nombre 'Valeria' aparece. Él respira hondo… y cuelga. Ese gesto dice más que mil diálogos: hay secretos que aún no están listos para salir. La tensión es tan densa que casi se puede tocar. 📱
Los tres hombres y el poder del grupo
Tres figuras en cuero negro, moviéndose como un solo cuerpo. Pero sus miradas divergen: uno sonríe, otro duda, el tercero observa. ¿Aliados? ¿Enemigos? En No soy la fea, soy la superestrella, hasta las sombras tienen intención. 👁️
La caída de Valeria en el pasillo
Valeria, con su abrigo negro y broche blanco, se esconde como si fuera una escena de suspenso clásico. Pero no es miedo lo que siente: es la tensión de ser descubierta justo antes de que todo cambie. ¡No soy la fea, soy la superestrella! 🌟