Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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El dolor que no se ve: cuando el cuidado se vuelve teatro
En *Sometido a ti*, la escena inicial parece un caos callejero —un hombre cae, otro lo abraza, una mujer observa con ojos fríos—, pero todo es fachada. Lo verdadero ocurre después, en la opulencia de una habitación con candelabros y alfombras rojas: él, encorvado en un sofá, fingiendo indiferencia mientras ella, con gestos precisos, saca un frasco rojo del maletín médico y le aplica algo en la espalda. No hay gritos, solo silencios cargados. Ella no habla, pero sus manos dicen más que mil discursos: está curando, sí, pero también controlando. Él mira su teléfono, como si buscara una excusa para no mirarla a los ojos. La tensión no está en los golpes, sino en las pausas entre ellos, en cómo ella deja caer una gota de líquido en su palma y lo observa como si evaluara una reacción química. ¿Es amor? ¿O es una relación donde el cuidado es una estrategia de poder? El detalle del titular en el móvil —una noticia sobre abandono familiar— no es casual: aquí, hasta la compasión tiene agenda.