Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
Recomendado para ti





El peso de un expediente médico y el susurro de una mirada
En Sometido a ti, cada gesto es un capítulo no escrito: la mano temblorosa que hojea el historial clínico del Hospital Central de Haicheng, las uñas pulidas como si ocultaran nerviosismo, el anillo que brilla bajo la luz fría del despacho. Ella lo lee con labios apretados, él se inclina como quien busca respuestas en el silencio entre las líneas. No hay gritos, solo el crujido de papel y el roce de sus mangas bordadas —una serpiente blanca que se enrosca alrededor de su brazo, símbolo ambiguo de protección o control. Luego, afuera, el contraste: ella camina con paso firme, blazer blanco y collar de rosa verde, mientras él le acaricia la mejilla con delicadeza fingida. Pero cuando sube al coche, sus ojos cambian: el espejo retrovisor refleja una mujer que ya no está leyendo un informe, sino escribiendo su propia venganza. El pie sobre el acelerador no es impulso, es decisión. Y mientras el autobús de la empresa de alquiler pasa junto a ella, uno entiende: en esta historia, nadie es víctima por mucho tiempo.