Sometido a ti
Para cumplir la última voluntad de su mejor amiga, Luna acogió a Javier como su tutora. Lo entrenó y moldeó, convirtiéndolo en su arma más afilada para lidiar con las rivalidades familiares. Bajo su estricta guía, él no solo aprendió, sino que desarrolló un sentimiento prohibido hacia ella. Sabiendo que Luna ya estaba comprometida, se acercó a ella, desafiando todos los límites.
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El humo del poder y la pantalla del control
En *Sometido a ti*, la jefa de rojo no fuma por ansiedad, sino por dominio: cada exhalación es una pausa calculada antes de dictar una orden que nadie cuestiona. Su escritorio, pulcro y frío como un tribunal, contrasta con el caos silencioso de los jóvenes que entran temblando —como si el aire mismo les exigiera reverencia. El chico con traje gris, con la mirada fija en el teléfono, no está distraído: está midiendo el terreno, buscando el punto débil en la cadena de mando. Y cuando la mujer con encaje negro levanta la vista, sin decir nada, ya ha ganado la conversación. Lo más perturbador no es lo que se dice, sino lo que se calla entre los clics de los teclados y el crujido de las sillas de madera antigua. Aquí, el poder no grita; susurra… y todos obedecen antes de que termine la frase.